Fe, fidelidad, pertenencia

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FE, FIDELIDAD, PERTENENCIA

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. deM.

Motivación inicial (Encuentro de Formación permanente 2012)

* El mercedario y la aldea global en continuo camino de consagración

Quizás el título resulta sugerente, en cuanto quiere expresar quiénes somos en este mundo globalizado; es decir, cuál es nuestra identidad y nuestro sello particular entre tantas Órdenes y Congregaciones religiosas; quizás en muchas ocasiones nos han preguntado, quiénes somos, a qué se dedican, cuándo fueron fundados, y ese escudo que llevan algunos qué significa, usan hábito religioso, en dónde se encuentran trabajando, frente a tantas interrogantes tenemos varias respuestas, pero una es la que cimenta nuestro ser y quehacer pastoral, y decimos pertenecemos a la “Orden de la Merced” o quizás “somos mercedarios”, con el cual se inicia todo un discurso sobre nuestro acontecer eclesial desde el siglo XIII hasta hoy. Si analizamos nuestras publicaciones, discursos o las homilías con respecto a nuestro ser y quehacer mercedario, veremos que siempre usamos algunos clichés y expresiones como “libres para liberar”, “Nuestra Madre de la Merced”, “mercedarios”; en los últimos tiempos está de moda decir: “rumbo al 2018”, o “hacia los ochocientos años…”[1]. Pero, ¿qué significa todo esto, cuál es su orientación y direccionalidad vital?. La respuesta con diversos puntos de vista, la tenemos todos.

Me acuerdo cuando después del Concilio Vaticano II, se hablaba de “aggiornamiento” de la Vida religiosa, que significaba una renovación de la misma, después se usó mucho la frase “fidelidad creativa”, luego se acuñó el vocablo “refundación”[2], hasta decir mejor “refundición”[3], y ni que decir de la “vida consagrada apostólica” como se busca argumentar hoy. En fin, hay una suma de vocablos, frases e ideas que surgen para reforzar nuestro seguimiento en Cristo y su evangelio. Ciertamente, cada una de ellas, tiene un sentido, un objetivo, una direccionalidad, que busca repensar nuestra consagración. A todo esto se le denomina: Teología de la Vida Religiosa. Sin embargo, sabemos que el hombre al vivir los retos y desafíos de la vida, se enfrenta cada día a lo “aplicativo” de su experiencia con Dios y con la fraternidad, que dan sentido al dinamismo de su vida religiosa. Ante ello, surge siempre una pregunta, ¿cómo combinar la teoría y la práctica de lo que significa ser un consagrado para el mundo actual?.

La respuesta no resulta fácil, los estudios sobre la antropología, psicología, sociología, eclesialidad y misionalidad han despertado mayor interés por el ser y quehacer de la Vida consagrada; sin embargo, es ardua su profundización. Para ello, tenemos habilidades y reconocemos que el mercedario no puede renunciar a su capacidad de análisis en torno al mundo que lo rodea, ahí está su misión, su carisma, su espiritualidad, es decir:  una mirada siempre atenta a los cautivos. Es por ello, que su aspecto debe ser crítico, pero constructivo, sobre aquello que lo rodea, especialmente, la aldea global; para ello, debemos estar atentos del acontecer nacional e internacional, mostrar interés por lo que sucede en diversos planos de la realidad social, político-económica, antropológica y religiosa, por mencionar algunos aspectos de la vida diaria.

El hombre de hoy, experimenta un divorcio entre lo creado con el creador, por ello, no solamente se habla de relativismo, escepticismo y secularismo, sino que hay una práctica común de estas líneas de pensamiento, las cuales no valoran ni siquiera la vida humana, aparentemente se preocupan del futuro habitat de la humanidad, de la tierra y los efectos de la ecología interplanetaria, sin embargo, vemos que el hombre a veces no sabe hacia dónde se dirige y ha perdido el sentido de su historia. Fíjense, por ejemplo los efectos de la violencia institucionalizada, el crecimiento de la pobreza, las reuniones del famoso grupo de los presidentes llamados el “G8”, ¿qué dicen ellos? ¿qué hacen por el mundo?.

Frente a las dificultades que encontramos en este “mundo de crisis”, donde estamos inmersos en una sociedad canalizada por el pluralismo religioso, lleno de indiferencia y agnosticismo, de ateísmo y fanatismos, fundamentalismo y diversas formas de religiosidad; un mundo donde dice que se defiende la vida y la seguridad de los demás, donde protestan diversos sectores laborales, hablamos por ejemplo, de los jóvenes, aquella generación denominada de los “mil euros”, o de quienes se encuentran sin trabajo, por ello alzan la voz los “indignados” y llamados grupos “Nimby” (not in my back yard; no nel mio giardino, no en mi jardín!) que protestan como defensores de la ecología, que a través de ello, reclaman o se interponen a cada paso del desarrollo mundial.

Frente a una Iglesia vaticana donde soplan vientos fuertes, como dice el santo Padre, “ella no caerá…”, llena de problemas por los casos de infidelidad y pedofilia, así como las noticias del tráfico de información reservada, que ha ocasionado «amarezza y dispiacere»[4]; hay una búsqueda de seguridad para investigar y mostrar la veracidad; de esa manera, se plantea reavivar nuestra fidelidad por medio del “Año de la Fe”, el cual buscará la significatividad de lo que es Cristo, el Señor; a través de los medios de comunicación, el diálogo con las ciencias y la tecnología, afirmando así el primado de Dios entre los hombres. Frente a todo esto, ¿qué debe hacer o está haciendo el mercedario del tercer milenio?.

Ahora, podemos mirar al interno de nuestras Provincias, Vicarías y Delegaciones, así como las comunidades locales donde nos desenvolvemos cotidianamente; es decir, nuestras casas  mercedarias, me pregunto ¿son casas-hogar?, ¿experiencia-taller?, ¿escuelas de libertad?, ¿son signos de consagración?, ¿religioso-mercedaria?, ¿son y siguen esforzándose por ser huellas y semillas de fraternidad?[5], y nosotros ¿somos agentes de redención?, ¿en qué medida estamos cumpliendo el mandamiento del amor a Dios y al prójimo?, ¿caminamos a la luz de los acontecimientos nacionales e internacionales?, ¿percibimos la unidad de proyectos de liberación?, ¿sabemos y respondemos a las necesidades actuales?, en la comunidad religiosa, en la parroquia, en los grupos eclesiales o donde tengo un servicio pastoral ¿estamos asimilando el “ya, pero todavía no” de la vida consagrada?, ¿qué significa celebrar prontamente 800 años de vida institucional?, ¿las Campañas Redentoras de la Orden me dicen algo?, ¿tienen un signo y significado para nosotros?, o ¿estamos -años luz- de lo que deseamos ser?.

En realidad, interrogantes habrán por doquier, según nuestra mirada, nuestra postura y nuestra forma de ser mercedarios. Sin lugar a dudas, somos una Orden religiosa antigua, algunos comentaristas y teólogos de la Vida Consagrada, manifiestan que “las instituciones religiosas estamos en crisis”, y dicen en voz alta que toda fraternidad tiene un ciclo vital, de nacimiento, vida y muerte; y que muchos de nosotros, estamos en camino de extinción, y por ende, a la muerte. Ante ello, surgen preguntas y respuestas, revisión de vida, búsquedas constantes de permanencia, subsistencia y conservación, de elementos que no apaguen las fuerzas revitalizadoras de la Iglesia.

Dice el teólogo Torres Queiruga que estamos viendo un tiempo donde «se impone, en efecto, una auténtica con-versión, que invierta todo el movimiento de la vivencia, y de algún modo, ponga del revés el sentido de muchos y decisivos conceptos teológicos»[6]; de tal manera, que en determinados momentos, se reflejan los problemas del lenguaje actual, porque «la experiencia cristiana sigue narrándose con formas, lenguajes y símbolos antiguos, tantas veces literalmente increíbles; por lo que no sintoniza con la experiencia moderna[7]». A pesar, de las dificultades que encontramos en la evangelización, se manifiesta que la Vida Consagrada es un don de Dios, por el cual, la misión de la Iglesia va adelante, sea en pequeños o grandes grupos, ubicados en el campo como en la ciudad, hay un signo de vida eclesial, y aún más de vida consagrada, incluido en los lugares más alejados de nuestras experiencias de fe, allí donde no hay seguridad ni estabilidad, hay siempre un hijo de Dios que se llama “fraile, religioso, padre, hermano”. Claro está, experiencias como estas, son las que nos animan a redescubrir nuestro seguimiento en camino de fidelidad.

Con estas breves pinceladas del tiempo que vivimos, quiero motivarlos a ustedes a seguir cimentando su fe, fidelidad y perseverancia en el camino de san Pedro Nolasco, nuestro fundador; por ello, les digo: ¡ánimo, pongánle empeño, no se desanimen por los oscuros signos de los tiempos, no descuiden su vocación ni su consagración, al contrario, estén firmes en la fe. De esta manera, seguirán siendo testigos de Jesús y su evangelio en estos tiempos  que experimentamos nuestra fidelidad y pertenencia en la Orden!.


[1] Cfr. Mensaje del XV Capítulo General a toda la Orden de la Merced “Alegremente dispuestos a dar la vida”, en BOM  82 (2010) 291-304, nn. 45-50.

[2] Algunos apuntes sobre el tema, en cuanto su significado, elementos y argumentos, ver a: Xavier Pikaza, La formación mercedaria (Ratio Generalis et Studiorum, nn.17-23), en Cuadernos de Formación Mercedaria, Provincia Mercedaria del Perú, Imp. Nelsa, Lima 2006,85-88.

[3] Con referencia a este térmno se decía: «Lo que se necesita para que la vida religiosa sobreviva, no es una refundación sino una refundición, no solamente una reforma o una reorientación, sino una transformación o una metamorfosis. Lo que se necesita es “una vida postreligiosa”» (Antonio M. Pernia, Retos y oportunidades para la vida consagrada en el contexto del mundo y de la Iglesia de hoy, en Vida Religiosa 110 (2011) n. 2, p. 9).

[4] Cf. Le carte rubate del Papa. A colloquio con il sustituto della Segreteria di Stato, l’arcivescovo Angelo Becciu, en L’ Osservatore Romano 124 (30 maggio 2012), p. 1.

[5] Siendo  partícipes de una espiritualidad de comunión en el Tercer Milenio “la Iglesia debe ser la casa y escuela de comunión” (Cfr. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo Milennio Ineunte, 6 de enero del 2011, n. 43).

[6] Torres Queiruga, A., Fin del cristianismo premoderno. Retos hacia un nuevo horizonte, Sal Terrae, Santander 2000, p. 14.

[7] Moral, J.L., ¿Jóvenes sin fe? Manual de primeros auxilios para recosntruir con los jóvenes la fe y la religión, PPC, Madrid 2007, p. 29.

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