Mercedarios: cautivos, libertad y redención

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Los cautivos claman redención

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

Después de haber experimentado los positivos cambios de renovación propuestos por el Concilio Vaticano II, sabemos que nuestra Orden cada vez más, tiene un sentido y una misión particular con signos de redención y de actualidad. Por ello, si ayer, los cautivos en manos de los sarracenos nos interesaban para que no perdieran su fe; hoy como ayer,  los signos de los tiempos nos animan a seguir involucrándonos en los Nuevos cautiverios que de una u otra forma son el resultado de las “miserias del mundo actual”.

Como integrantes de la gran familia mercedaria, siempre preocupados por la vida de muchos e inmersos en la misión Ad gentes como actividad evangelizadora de la Iglesia; captamos con mirada atenta todo lo que el mundo nos ofrece a través de la ciencia, arte, tecnología, posibilidades de estudio y desarrollo, avances científicos acordes a la era de las telecomunicaciones, de la globalización, el neoliberalismo y el boom 2000; pero, también visualizamos con mirada analítica el hambre y la desnutrición, violencia institucionalizada, pobrezas y miserias, pobres más pobres, pérdida del sentido de la vida, niños y jóvenes sin ilusiones, ancianos apagados no por el peso de los años, sino por el infortunado destino. Es allí, donde las contrariedades de la vida nos impulsan a reflexionar sobre el porqué de la continuidad y secuencia de esclavitudes y cautiverios que son espejos de realidades concretas que conducen a la indiferencia, el egoísmo y la muerte.

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Por la historia, sabemos que el mundo ha experimentado tiempo de los grandes señoríos y reinados que ocupaban a mucha gente en labores domésticas y de servidumbre; tiempo de colonialismos con inquietudes de expansión territorial donde era apetitoso el negocio y la compra-venta de esclavos, tiempo de nacionalismos que inspirados en la filosofía de las ideas puras propugnaban una selección de razas destruyendo parte de la humanidad, tiempos de latifundismos donde los dueños de las tierras se presentaban como una clase burguesa en contra de los proletarios y campesinos, tiempos de imperialismos reinantes con afanes monopólicos que han enriquecido a un mínimo sector de la sociedad mundial, tiempos de comunismo que utópicamente predicaban la correcta distribución de bienes, tiempos de liberalismos y neo-liberalismos que hoy plantean posibilidades de desarrollo globalizante; pero, que al fin y al cabo, van favoreciendo a pequeños estratos de grandes inversiones y capitales. Ante estas realidades, algunas obsoletas y retrogradas; así como, otras más atrayentes y actuales, visualizamos el odio y el amor, la riqueza y la pobreza, la natalidad y la mortandad, la ciencia sofisticada y el empirismo de la vida, la esclavitud y la libertad.

Efectivamente, ayer muchos hijos de Dios fueron esclavos, extraídos de sus tierras de origen, alejados de sus familias, marcados y ofrecidos como animales que se vendían al mejor postor en los mercadillos de carne humana, convertidos en cosas sin nombre, sin patria ni nación; y lo peor aún, sin posibilidades de hablar y exponer sus ideas, sin poder reclamar sus deberes y derechos, porque eran reducidos a su mínima expresión. Estos hechos desagradables y degradantes para quienes lo vivieron en carne propia fueron experiencias nefastas que vistieron de luto a la humanidad; pero, gracias al esfuerzo de varias naciones, unidas por soñadores ideales hicieron posible la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada el 10 de diciembre de 1948 que favorecieron la promoción de la dignidad humana.

Claro está, que no debemos olvidar las luchas de emancipación e independencia de los pueblos, de abolición de las esclavitudes, de las reuniones, Conferencias y Tratados que buscaron la dirección norte para beneficio de la humanidad caída, como lo fueron el Tratado de Washington (1862), las Conferencias de Bruxelles (1676-1890), la histórica Convención de Ginebra del 25 de setiembre de 1926; así como, lo referente al trabajo de menores, asimilados en las Conferencias de ILO (1973) y Ginebra (1999) y de los Derechos del Niño que aperturando la década de los 90s., a través de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se abrían los ojos al mundo entero. Las constantes denuncias, peligros y efectos negativos que provocaban el empobrecimiento de la mujer en el panorama mundial hicieron posible la Conferencia de Pekín que mostraba los puntos neurálgicos de la realidad existente que clamaba un llamado a la conciencia humanitaria y legal.

Con mirada positiva en torno a los últimos tiempos, reconocemos que hemos aperturado nuestras fronteras para llegar al corazón y la mente de nuestros hermanos conglomerados en los centros urbanos donde mayormente están ubicadas nuestras Curias provinciales e históricas basílicas; en las Parroquias: de las atrayentes ciudades y de los espaciosos sectores rurales, que al ser erigidas con arte y sencillez acogen con caridad a la diversidad de fieles de nuestros barrios, poblaciones, favelas y vecindades pudientes y marginales. También tenemos una gran misión educativa emergente en los colegios y escuelas: particulares, y/o subvencionados por el Estado, incluídas las no pagantes donde se forjan las juventudes del mañana; en las cárceles: donde el clamor por la libertad cada día es incesante, nuestros capellanes manifiestan que hay mucho por hacer desde la planificación hasta la evaluación de la pastoral carcelaria; sobretodo, para saber armonizar la visión de la vida y del mundo que desde la psicología del reo se ven tan diferentes.

Sin lugar a dudas, en los lugares de misión como Angola, Mozambique, La India, y aquellos que a lo largo de los cinco continentes encontramos a nuestros religiosos y religiosas mercedarias, no sólo pensamos y actuamos para vivir como verdaderos cristianos; sino, que nos reconocemos como guías espirituales en medio del mundo, donde debemos estar preparados para afrontar el diálogo interreligioso y ecuménico porque las religiones ya no pueden vivir como “islas”, sino que es imprescindible en las modernas condiciones del mundo la comprensión recíproca donde la colaboración y solidaridad forjen la posibilidad de una convivencia pacífica para el bien de los demás.

Y en los campos de refugiados, donde es compleja la evangelización a causa de los privilegios y segregaciones raciales, se necesita personal lleno de fe y de Espíritu Santo (Hech 6, 1-7) para ser testigos de una riqueza de vida evangélica donde el coraje y la decisión de ser libres para liberar ayuden a confrontar las preocupaciones, las soledades y las pocas ganas de vivir de estos nuevos cautivos. Por todo esto, allí donde se necesita manos redentoras seguiremos gritando por la vida, anunciando el Sí, a ejemplo del Fiat de María, Madre de Dios y de la Iglesia en camino que va peregrinando al encuentro con Dios. Un sí por la vida, como una opción de amor que nos impulsa a ser profetas de tiempos nuevos participando como agentes y promotores de la vida, de la persona, y de la humanidad.

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Algunos piensan que el comercio libre ayuda a fluir las ideas y el modo de vivir democráticamente entre las naciones; pero, otros manifiestan lo contrario, puesto que él sólo comercio no es suficiente para mejorar los Derechos humanos, ni puede ser un catalizador para cambiar. En realidad, los problemas de la deuda externa, de las guerras, la emergencia económica y el afán de encontrar nuevos puestos de trabajo hacen que los hombres y mujeres de todas las edades busquen nuevos horizontes; lo cual, genera movimientos sociales donde se deja el país, la casa y los bienes adquiridos con el sudor de la frente; se provoca la separación de la familia y se tiende a vivir la incerteza del futuro, con experiencias a veces gratificantes a nivel económico; pero también dolorosas en cuestiones de ética y moral, al encontrarse con otras gentes y sociedades que con dificultades van acogiendo a los nuevos individuos que preludian en el futuro un escaso retorno a la patria de origen, solicitando permisos temporales o permanencia definitiva en los países receptores con índices e incrementos de inmigración.

Asumiendo la encícicla Christi fideles laici y el dinamismo del documento La Vida Fraterna en comunidad, vemos que las obras de voluntariado, protección y asistencia, así como las Casas-hogares que en nuestros casos son identificados con los nombres de nuestra Madre de la Merced, del fundador y santos mercedarios (como Villa Mercedes, Villa Nolasco, hogar san Pedro Armengol, y otros), son acciones edificantes y preciosas que involucrando a las Fraternidades laicales mercedarias se presentan como antorchas redentoras de ayuda y esperanza, de preocupación por el otro, quien entre la angustia y la soledad encuentra solidaridad, promoción, diálogo y escucha.

Frente a esta realidad, creemos que en los lugares de redención hoy tenemos que orar en afirmativo parafraseando el salmo 137: hoy, quiero cantarle al Señor en tierra extranjera. Antes estas condiciones de privilegios y debilidades, de promover la justicia y la paz, como hijos de María de la Merced y seguidores de Nolasco debemos desempeñar nuestro apostolado con amor oblativo-redentivo a ejemplo de Jesús que ofertándose gratuitamente en el sacrificio de la cruz, demostró que la Verdad siempre nos hará libres.

No cabe duda, que “la presencia mercedaria” sigue siendo el foco iluminante de la iglesia en camino; sin embargo, se necesita una mayor generosidad contemplativa de las realidades infrahumanas para que a través de una misión cristocéntrica-eclesiológica se pueda celebrar la Vida en el culto litúrgico-escatológico que por medio del memorial de la vida, muerte, pasión y resurrección del Señor podríamos unir la trilogía mercedaria para visitar, liberar y servir al hermano que atento a la escucha de la Palabra de Dios desea expresar libremente su fe, esperanza y caridad con nuevos ardores de evangelización.

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Hoy que observamos, estratos de personas y ambientes diversos ligados a la coyuntura política, social-económica de cada nación, queremos Ver, Juzgar, y Actuar a favor de la complicada existencia de muchos que por medio de la Agencia Internacional Fides se manifiestan noticias de aquellos que están sometidos a caprichos e intereses surgidos del egoísmo humano. Casos extremos resultan los problemas ligados a la violencia e intolerancia religiosa mal orientados por grupos étnicos, o grandes religiones como el Islám y pensamientos orientales donde los cristianos están impedidos de predicar libremente la fe. Las adolescentes raptadas, violadas, engañadas, y/o envueltas en la trata de negras y blancas padeciendo los peligros de un pansexualismo exagerado, son producto de la prostitución de jóvenes quienes desde temprana edad sufren el acoso y los sinsabores de la vida, casos diversos que revelan estadísticas de explotación y maltrato; el narcotráfico y la venta de estupefacientes con todo lo que significan los desequilibrios psíquicos, riesgos y peligros de cárceles y muertes que sufre la familia de hoy.

El problema en torno a los niños que siendo miembros de una población económicamente activa (PEA) continúan laborando 16 ó 18 horas diarias, sin oficio ni beneficios laborales, sin protección ni seguridad; niños-talentos esclavos del futbol, “mercado vergonzoso” de la modernidad que sólo satisface a falsos promotores que han originado el fenómeno de los esclavos de los pantalones cortos, vendidos, alquilados y transferidos al extranjero; niños topos y hormigas, algunos entregados por los padres como parte de la cancelación de sus deudas familiares, laborando en situaciones climáticas que atentan contra la salud; niños y jóvenes que en las fábricas de tapetes, souvenirs, ladrilleras y  minas de sal ganan al día 1,2 $; niños y jóvenes tigres, leones y fieras, entrenados y capacitados con odio para combatir en las guerrillas que entrecomillas se denominan ejércitos nacionales y de liberación.

Una gran preocupación para la sociedad mundial, es el panorama periférico de los inmigrantes, unos engañados por mafias organizadas que exportan gente que viajan con documentación falsa e ilegal, otros desaparecidos y muertos en el camino, así como los explotados por empresas y grupos organizados que les crean dependencia y malestar social coaccionando su libertad. Éstas y otras formas de cautividades que dejamos de señalar, unida a la pobreza de muchos pueblos con claros índice de mortalidad, son signos de los tiempos que en la cruda realidad nos debe llamar hacia una atención particular.

¿Qué hacer entonces?. Formarnos seriamente para atender con empeño y actualidad las llamadas Nuevas formas de cautividad, para que las zonas de emergencia evangelizadora se conviertan en atrayentes aerópagos del evangelio como respuesta y continuidad de lo que él mismo Jesucristo nos enseñó desde que se presentó a la sinagoga para proclamar el Año de gracia del Señor (Lc 4,16-20) y así actuar a favor del cautivo de hoy. Para ello, en comunión trinitaria, debemos alentarnos todos para ser “Libres para Visitar y Servir”. Desde esta perspectiva de la filosofía de la vida y del servicio cristiano que nos caracteriza como hijos en la imagen del Hijo, podemos acercarnos a los demás para redimirlos en plena libertad de conciencia, de gozo y alegría de saber que todos como hijos de Dios tenemos la oportunidad de  convertirnos y reconciliarnos con Dios, dando gratis lo que hemos obtenido gratis por gracia divina de Aquél que dió su vida para la salvación del mundo.

Nuestros retos y compromisos ante estas innegables realidades de nuestra existencia, debe animarnos a fortalecer nuestro ser y quehacer mercedario, para que seamos hombres de esperanza y nos juguemos la vida por los que sufren en este mundo. Para ello, ofrezcamos amistad, gozo y libertad. Amistad que en las edificantes palabras de la regla de san Agustín forjan una fraternidad comunitaria que asume el amor por los demás; gozo, de saber anunciar el evangelio en línea profética desarrollado en situaciones perniciosas y contrarias que coaptan la capacidad de los que somos imágenes de Dios; y libertad, que en sentido cristiano se plasme en la libre entrega que en “fidelidad creativa” nos permita visualizar al carisma redentor.

Dinamizados por los carismas del Espíritu Santo, como un nuevo Pentecostés hagamos que en los horizontes mercedarios la bandera de la libertad siga flameando en los proyectos y caminos de liberación donde la comunión y participación de toda la familia eclesial mercedaria sea una luz para los pueblos. Como hijos de María de la Merced, presencia cooperante en la obra de la redención nos ayude a encontrar los senderos de animación misionera para ser testigos de la Resurección de su Hijo, ante las esclavitudes económicas y sexuales que día a día desolan a la humanidad.

¡Mercedario, los cautivos de hoy claman libertad!, ¡manos a la obra!, ¡visitando para redimir, y sirviendo para liberar, siempre anunciando el evangelio de la libertad!.

Nota: Extracto de un artículo publicado en el BOM 72 (junio 2000), pp. 161-167.

Bibliografía consultada

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