Nueva fundación Mercedaria en Camagüey-Cuba

HOMILÍA PARA LA HISTORIA

Eucaristía de bienvenida y presentación oficial de los misioneros mercedarios
en la Iglesia de La Merced, de la Arquidiócesis de Camagüey-Cuba
Domingo, 28 de abril del 2013
Hora: 9.00 a.m.

Por encargo del señor Arzobispo Juan García Rodríguez, el P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, Consejero general de Vida Religiosa, expresó la homilía en dicha ocasión:

Estimados hermanos y hermanas en Cristo resucitado!,
Estimado Monseñor Juan, Arzobispo de Camagüey;
Hermanos en el sacerdocio,
Religiosos y religiosas presentes,
Pueblo de Dios en camino de evangelización.

En esta mañana saludo a todos ustedes en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu santo, con la alegría de anunciar siempre al Señor Jesús, en este tiempo de Pascua, donde el canto del Aleluya nos permite interiorizar el amor de Dios entre nosotros.

Hace pocos días que llegamos a la ciudad de La Habana junto al P. Maestro General de la Orden de la Merced, donde tuvimos la oportunidad de concelebrar la eucaristía en la Iglesia de La Merced de esta ciudad capital, con la anuencia de los PP. Vicentinos; allí, en aquél recinto de fe, el Señor se mostraba como el “Buen Pastor” a través de la palabra dominical; puesto que, celebramos el domingo dedicado al fomento de las Vocaciones sacerdotales y religiosas.

Hoy, en las lecturas que acabamos de escuchar, vemos cómo Dios impulsa el corazón de los discípulos para realizar un camino misionero entre los pueblos. Es así como en la primera lectura se refleja el tema del “testimonio”, por el cual, los discípulos contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho con cada uno de ellos. El salmo responsorial 144 nos permite recordar que debemos estar agradecidos con el Señor, por ello ¡bendecimos su nombre por siempre jamás”. La segunda lectura nos invita a analizar cómo Dios enjuga las lágrimas de nuestros ojos, mostrado su misericordia y amor; de esta manera, entendemos su amor y compasión. Y desde ya, el Evangelio penetra en nuestro interior diciendo: “les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros”. Que esta llamada de amor, que nos convoca hoy para reflexionar sobre la unidad y la perseverancia en la caridad nos permita seguir los consejos de Jesús, maestro y modelo del misionero que encarna el mensaje redentor.

Para nosotros, este domingo es un día especial, por lo que significa la vida misionera de los PP. Fr. Francisco Marquez, Fr. Marcos Saavedra y el mío propio, Fr. Juan Carlos Saavedra, al venir a la Diócesis de Camagüey para servir a Dios y a nuestro prójimo, que son cada uno de ustedes, en este tiempo de gracia y bendición.

Hace dos años que iniciamos con el P. Maestro General, P. Pablo Ordoñe, un camino de diálogo y acercamiento con el Monseñor Juan, aquí presente; fue así, que hoy estamos aquí para integrarnos e insertarnos en la misión eclesial como encargados de este histórico templo mercedario, que ha sido fruto del esfuerzo de los primeros mercedarios que llegaron a Cuba, en especial a Camagüey, en los inicios del siglo XVII, tal como lo contemplan ilustres historiadores de esta ciudad.

Para conocimiento de ustedes, la Orden de la Merced fue fundada en Barcelona, España el 10 de agosto de 1218, por san Pedro Nolasco, quien por especial revelación y con la fuerza del Espíritu santo recibió las palabras del Señor, a través de la Virgen María, para fundar una Orden religiosa con el carisma de la redención de los cautivos cristianos en peligro de perder su fe. Cómo no recordar que España durante varios siglos estuvo asediada por los musulmanes quienes tomaban presos a los cristianos que confesaban al Dios trinitario, y encarcelados sufrían desdichas en las mazmorras más oscuras de su existencia. Fue así que Pedro Nolasco inicia su misión evangelizadora, a la luz del texto de san Mateo, cap. 25, donde las obras de misericordia se plasmaron en la reflexión de dos verbos importantes en su vida, ellos son: “Visitar” y “liberar”. De esta manera, los mercedarios nos hemos dedicado a redimir a ejemplo de Cristo Redentor, nuestro maestro y modelo de salvación.

La cercanía de casi 800 años de fundación, no nos permite contar en esta eucaristía, todo lo realizado por los mercedarios en el mundo. Pero, si tenemos que recordar cómo durante el segundo viaje de Cristóbal Colón, ya los mercedarios llegamos a estas tierras caribeñas; de tal manera, que estuvimos fundando conventos en santo Domingo, Cuba, Puerto Rico, México, Panamá, Ecuador, Perú, Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y otros lugares que posteriormente fueron consolidando nuestra presencia en el continente americano. Por tal motivo, recordamos a todos los misioneros mercedarios que llegaron a esta isla, la “patria chica” como la llaman ustedes, con el ideal de la libertad de los hijos de Dios.

Han pasado varios momentos históricos sobre nuestra presencia misionera en Cuba, la seguiremos conociendo a través de nuestra lectura y estudio, para conocer más nuestras raíces evangelizadoras. Hoy, estamos regresando a esta ciudad después de varios años, y agradecemos a Monseñor Juan, el habernos concedido la atención pastoral de esta histórica, hermosa y bella Iglesia de Nuestra Señora de La Merced, así como la visita de los días jueves y domingos a la comunidad eclesial de Minas y la zona pastoral de la casa-misión de Saratoga. Esperamos que en corto tiempo, se vaya consolidando nuestro servicio a los hermanos que se encuentran en cárceles para así visualizar, desarrollar y poner en práctica, nuestro proyecto carismático-redentor en estos tiempos nuevos, tiempos de esperanza y de renovación espiritual para tantos hermanos que necesitan del Señor Jesús y su evangelio. Como dice el Papa Francisco: “el poder será nuestro servicio”; por ello, estamos aquí, como pastores en camino, como se escribe en un canto mercedario: “para ser verdaderos ofertorios de libertad y ofrendas de amor al servicio de la caridad”.

En esta “sociedad líquida” que nos envuelve y convulsiona con los signos de la globalización pidamos a Dios, al “papito de la misericordia”, tal como he visto que lo han acuñado en la oración por los 100 años de la fundación de la Diócesis, que nos guíe por el buen camino para comprender la vida, muerte y resurrección de su Hijo Jesús, y que la fuerza del Espíritu santo habite en nosotros, para ser testigos de la Verdad y el Amor entre los más necesitados de nuestros pueblos.

Que la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, en la advocación de la Virgen de la Merced, que también es de la Misericordia y de la Caridad, nos ampare bajo su manto maternal para seguir las huellas de su Hijo, Jesucristo el Señor de la gloria y la salvación. Que todo sea para Dios en manos de María, que nada haya sin María, que todo sea por María, quien constantemente nos está indicando el camino hacia la gracia. Como los mercedarios del siglo XVII digamos: “Nada sin María, todo con María”. Que esta experiencia paterna y materno-redentora nos permita ser cada día: ¡más hermanos!, ¡más hijos de Dios!, ¡más libres para visitar, servir y liberar por el Reino de los cielos!.

Que Dios los bendiga a todos, que estos tiempos de la Nueva Evangelización, sigamos construyendo un hombre nuevo en los caminos de la civilización del Amor y que las huellas de la Misión continental se vaya reflejando en la vida de todos los camagüeyanos, profesando la fe de la Iglesia. Gracias por la acogida de todos ustedes, gracias por estar aquí, en esta digna “Ciudad de las Iglesias”, “Tierra del Vaticano chiquito”, “Legendaria como sus tinajones” y “Patrimonio cultural de la humanidad”, proclamada desde el año 2008.

¡Gracias a Dios!, al Señor Arzobispo, a los sacerdotes, religiosos y religiosas de la Diócesis, a todos los fieles, especialmente a nuestros religiosos de la Orden de la Merced y de la Provincia Mercedaria de México, quienes asumen esta nueva misión mercedaria; a nuestros benefactores y a quienes se unen a nuestras oraciones en el mundo. De manera especial, nuestro agradecimiento al P. Pacheco, Vicario general de la Diócesis, quien estuvo a cargo de este templo en los últimos tiempos.

Bienvenidos todos, a la “casa de la Madre”, al “recinto de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, redentora de los cautivos”.

Viva Dios!
Viva la Virgen de la Merced!
Viva Camagüey!.

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