REMINICENCIAS de un 11 de setiembre…

REMINICENCIAS

Reminicencias
de un 11 de setiembre…

P. Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

“Escucha , oh Dios, la voz de mi lamento,
del terror del enemigo preserva mi vida…”.

Once de setiembre del año 2001. Han pasado ya diez años. Pero, muchos lectores de esta revista se preguntarán para qué recordar momentos difíciles de la historia, si eso no edifican en nada; a veces pensamos lo mismo…, pero no estamos lejos de los dramas de la humanidad. Recuerdo que hace poco tiempo estuve en Israel, y allí visité con mis hermanos de hábito el museo de la Shoá, ¡qué impresionante, qué silencio!… por la memoria de los que sufrieron la crueldad de la segunda guerra mundial; frente a estos recuerdos, en verdad, uno se queda sin palabras, y cuando reaccionas dices ¿es que el hombre puede llegar a hacer todo esto?, increíble, pero cierto. Sin embargo, ahora vivimos en el Tercer milenio, algunos filósofos y analistas de la mundialización escriben que la humanidad, a pesar de vivir en una “sociedad líquida” (Zigmunt Bauman), al estilo del far west, con una “mentalidad de supermercado” (C. Wright), tiene el “coraje de escoger”; por ello discierne constantemente sobre su “libertad” (Fernando Savater); más aún, el hombre de hoy al vivir en torno a un “mundo de culturas plurales”, desea una “sociedad transparente”, emancipada de tantos cánones de la vida, para salir del “tormento de la multiplicidad” (Gianni Vattimo) y así encontrar la felicidad en la comunidad.

Frente a estas premisas, en esta ocasión, he querido poner al alcance de ustedes este artículo que fue escrito durante los días del tenebroso suceso, el mismo que fue madurando a través de estos tiempos de la postmodernidad. Pienso que sigue teniendo actualidad por tanta noticias y eventos deshumanizantes que aún hoy vivimos en nuestra sociedad. Como vemos, hemos aprendido poco del siglo pasado, las guerras no cesan, el terror, cuando menos pensamos, salta como la liebre; la lucha por las autonomías continúan, y los proyectos por sacar adelante un país o grupo de naciones exponen ideales de aparente unidad; en fin, hay ideas, propuestas, buenas reflexiones, pero el mundo sigue convulsionado, ni que hablar de los “parados”, “indignados”, de los grupos “Nimby” (not in my back yard) que dicen defender la ecología, de la generación de los “mil euros”, etcétera; en nuestro lenguaje diremos, los nuevos cautivos y desplazados de este mundo. A la luz de reflexionar sobre nuestro ser en un mundo cambiante, me uno a ustedes mediante estas líneas para pensar sobre la promoción de la persona humana, la paz de los pueblos, la justicia social y la búsqueda constante de libertad.

Ante el terror, dosis de orgullo, solidaridad, causa común y búsqueda de libertad.

Mirada retrospectiva

¡Boom!, susurró el coronel David Hudson, cuando había cerrado el puño pensando que había destruido el Wall Street de Norte América, es decir el corazón financiero del mundo. Así comenzaba el romance del newyorkino James Patterson titulado “Mercado negro”, una narración magistral donde se percibe la tensión creciente de revelaciones, complots, despistajes, trampas e intrigas internacionales frente a un pueblo amenazado por aquellos que buscan el desequilibrio mundial.

Curiosamente, antes del 11 de setiembre del 2001, siempre había pensado qué efectos y malformaciones psicológico-mentales se podrían obtener con tantos films de ciencia ficción, policiacos y “cartoons” entrecomillas sociológicos, llenos de mensajes y propagandas sanguíneas, donde la violencia, guerras, luchas interplanetarias, conquistas de animales y bichos raros, eran como el pan de cada día; fruto del ingenio de una humanidad comercial y globalizada, que pasando de la oralidad y la escribalidad se había afirmado en la electronalidad.

También había reflexionado en ¿qué tipo de hombre estaría surgiendo en estos tiempos nuevos?, ¿qué filosofía estaría forjando la humanidad pensante?, ¿hasta dónde llegaríamos con tanto entusiasmo de querer ser como dioses tratando de revivir la “torre de papel”…, perdón digo “de Babel”?; en fin, era el fruto de una serie de interrogantes que circundaban mi mente en torno a una sociedad bombardeada no sólo por talibanes; sino, por diversos medios de comunicación que hasta hoy continúan influenciando el modus vivendi de nuestro ser y quehacer en el mundo.

Cristiana y religiosamente habíamos leído y profundizado los escritos del Papa Juan Pablo II, como: la Exhortación apostólica Tertio millennio adveniente (1997) y la Bula Incarnationis mysterium (29-11-1998) para celebrar el Gran Jubileo del Año 2000. A la vez, habíamos cruzado la Puerta Santa, el umbral de la esperanza hacia el Tercer milenio de la Buena Nueva de Cristo, y secularmente se había festejado un Año Nuevo cargado de emociones y alegrías, llenas de imágenes vivas, de fuegos artificiales por doquier.

Recuerdo muchas elucubraciones y comentarios periodísticos llenos de retóricas y ambigüedades, así como aquellos “talk shows” televisivos que aparecían como un ring a doce rounds, llenos de dialéctica demagógica, morbo y seducción, donde se afrontaban las posibilidades de cambio y perspectivas positivas para el futuro.

Todos los esfuerzos por generar una nueva humanidad parecían que iban viento en popa como el Titanic, famoso trasatlántico del placer, símbolo majestuoso de la modernidad, del lujo y de la creatividad humana, el cual inició su recorrido marítimo sin llegar al puerto deseado. Al parecer tanta positividad y derroche de energías cerebrales iban a zanjar muchos desastres pasados, que en resumidas cuentas en el siglo anterior habían generado las dos guerras mundiales y la experiencia de la guerra fría hasta que cayó el muro de Berlín. Parecía todo mejor que antes, el hombre se sentía visionario, las economías mejoraban, la sociedad se desplazaba en milésimos de segundo por el efecto de los mass media; es decir, el mundo interactuaba con muchas ilusiones, pero… pasó, lo que no debería pasar; fue un martes de terror.

Fue un martes de terror

En aquél momento, yo me encontraba como turista y peregrino en el Monasterio de la Virgen de El Olivar (Teruel-España), visitando a los frailes de mi querida Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, de quienes tengo gratos recuerdos. Después del almuerzo conventual, recuerdo que era mi intención dirigirme a mis aposentos para darle un debido descanso al peregrino cuerpo; pero una voz de los frailes de la comunidad nos invitó a encender la televisión para ver algunas noticias y lo que acontecía en el mundo. En realidad, fueron cosas impresionantes, pasábamos de canal en canal y lo que había ocurrido en minutos anteriores se repitió delante de nuestros ojos. Los frailes que estaban observando todo el acontecer al igual que yo no lo podíamos creer.

Fue, entonces que comencé a pensar en mi tío Carlos Saavedra que trabajaba en el piso 88 de una de las torres; sí… de aquellas torres que gracias a él pude visitar cuando estuve en la fantástica y recordada New York, durante el año 2000. Recuerdo que subimos al mirador y yo me deleitaba observando todo alrededor, los puentes, los rascacielos, las formas arquitectónicas, el Hudson river, la Estatua de la libertad, las embarcaciones, el Empire State building, y todos los encantos de esta megápoli multicolor. Entramos en la sala del “simulador” aéreo, donde me tomaron una foto al lado de la maqueta de la ciudad, que hasta ahora la conservo, y como si estuviéramos en un helicóptero, sobrevolamos la soñada y codiciada american city. En fin, gracias a Dios, después de varios días de no poder recibir noticia alguna, me comunicaron por email que mi tío se encontraba bien, porque en aquél momento por temas de salud no se hallaba en el lugar de los hechos. Pero, como ustedes también lo saben,… pasó lo que pasó… ¡fue un martes de terror!.

Así fue subrayado el acto infame en algunos periódicos y revistas: Terror!. U.S. Paralyzed after attacks Rock New York, Washington (diario Extra de USA), la follia del terrore (L’Osservatore Romano), 11 de septiembre: New York en llamas (Religión y Cultura), Manhattan y el sueño de Nabucodonosor (Vida Religiosa), Un giorno buio nella Storia dell’umanità, y/o Terrorismo devastante a New York e Washington (La Civiltà Cattolica); El día del terror (La República-Perú); en fin, Desolación (Vida Nueva).

A tempranas horas, todo el mundo centró su atención en el acto vandálico de este nuevo siglo; primero las torres, luego el Pentágono, un aéreo cayó en Pensilvania, después incertidumbres y problemas de navegación aérea mundial; en fin… ¿qué estaba sucediendo en el World Trade Center, en el centro y símbolo de la potencialidad económica-financiera mundial, en las famosas torres de Manhattan, los llamados edificios gemelos, especie de clonación arquitectónica americana, ¿cómo era posible que un aéreo comercial se pudo haber estrellado en el Ministerio de la Defensa estadounidense, violando las famosas “seguridades”, pongo entrecomillas la palabra, porque dicen que estaban bien controladas por la CIA y el FBI?.

Ciertamente no era un film preparado por Hollywood, ni un truco fantasioso yanqui; era por cierto, una apocalíptica y desgraciada realidad, una locura humana programada sistemáticamente por terroristas y criminales, frutos de un pensamiento milenarista revolucionario, que a nivel político sociológico, aún más, religioso, ha sabido adoctrinar a muchos fanáticos, fundamentalistas, y/o integralistas que a raíz de todo esto, han convulsionado al mundo entero.

Desafortunadamente, en este “acto innominable” se agredió la vida humana, ¿cuántos muertos?… en realidad, mejor no mencionar porque las estadísticas y proporciones ya las conocemos, y sabemos que han sido muchos. Allí en el corazón de Norte América, todas las razas, las lenguas, las naciones, los proyectos de vida, fueron afectadas por los insensibles “esclavos ideológicos e infames del terrorismo”.

Ahora, que ya ha pasado tenuemente el shock lastimero entre el pueblo que grita y canta a viva voz ¡God Bless América!, entre “la rabia y el orgullo” como escribía la autora italiana Oriana Fallaci, entre la niebla newyorkina enrarecida y disipada por aires nuevos, entre llanto y dolor, luces y sombras, horas amargas y de esperanza, entre bomberos y personal médico, voluntarios por doquier… me he puesto a pensar, cuando mañana salga nuevamente el sol ¿qué sucederá?.

Y la vida continúa… con un nuevo amanecer

Y así pasaron los días, el mundo voló intercontinentalmente, el centro de atención se trasladó, de la ciudad al desierto, de USA a Afghanistán, de Europa al Asia central, de lo que decía el presidente George Bush y la Secretaría de Estado americano, y lo que reafirmaba el guerrillero Osama Bin Laden era lo que aparentemente más interesaba al mundo. Después de tantas noticias, después que se habían identificado a los responsables, las naciones se unieron en la lucha por la paz. Al inicio la religión del Islám se la confundió como símbolo del terror; a pesar de ello, entre mito y realidad, entre ortodoxia y ortopráxis, entre pacifistas y violentistas, comenzó la batalla; talibanes y aliados se enfrentaron, ya sabemos lo que pasó después; pero aún hay rezagos de esta inolvidable crueldad. Frente a todo esto, quizás sin darnos cuenta, comenzó a surgir un hombre nuevo, pero, aún no sabemos ¿cuál es su humanidad?; a pesar de ello, el mundo sigue bombardeado y diezmado en diferentes partes, la violencia se acrecienta y continúa convulsionando a la humanidad.

Con este acontecer nebuloso, algunos escritores lanzaron preguntas delicadas, en torno a lo acontecido el 11 de setiembre, ¿la razón de quién es? (Noam Chomsky), ¿cuándo se habla de fundamentalismo, radicalismo e integralismo qué cosa queremos decir? (Massimo Intravigne), ¿se pueden interpretar estos acontecimientos como una globalización de los problemas o el inicio de una guerra entre las civilizaciones? (Johannes Müller); en nuestro caso, como creyentes que propugnamos la constante búsqueda de la paz mundial, podemos decir ¿hacia dónde va el mundo? O mejor aún, ¿hacia dónde va el cristianismo? (Bruno Forte).

En esta líneas, quiero recordar al joven antiglobal que murió en Génova-Italia, agrediendo a las fuerzas policiales cuando se realizaba la reunión del famoso G8; es decir, el encuentro de los presidentes de las naciones más potentes para discutir el problema de la pobreza mundial. A la religiosa que mataron en la calle cuando regresaba de su pastoral evangelizadora; a los pedófilos, acusadores y acusados que siguen haciendo noticia; al adolescente que mató a su enamorada en el colegio, a los inmigrantes que siguen llegando a las costas europeas; a los sin voz en la vida cultural de naciones totalitarias; a los periodistas asesinados en las zonas de conflictos; pienso en las mujeres musulmanas que no pueden expresarse en libertad; en los católicos pasivos que dicen tener fe; en los convivientes sin comulgar; en las madres solteras en la constante búsqueda del pan para sus hijos; en las parejas solamente “unidas”, sin sacramento ni matrimonio; peor aún, en aquellas “uniones” que prefieren criar animales, perros y gatos, en lugar de pensar en tener hijos con una paternidad y maternidad responsable o apostar por la adopción en matrimonios constituidos.

Pienso en los jóvenes drogados; en la situación de la trata de personas, o en las mujeres nocturnas que caminan por las calles; en los niños que trabajan por un mísero pan; en los encarcelados sin procesar; en los ajusticiados por los jueces sin rostro; pienso en la solicitud que hizo Nelson Mandela en favor de los afectados por el terrible mal del siglo, el Sida.

Quizás mis neuronas están por explotar, pero pienso aún, en el voluntariado como signo de esperanza en la cultura del materialismo; y el por qué Elton John al grabar su último álbum dijo que odiaba la industria discográfica; ni que decir de las mafias institucionalizadas; en los clandestinos y emigrantes; pienso en los centros tugurizados y en las periferias empobrecidas del mundo: las barracas portuarias, las favelas, los pueblos jóvenes, las poblaciones y los barrios de mala muerte, llenos de pasiones y peligros con sabor a degradación humana.

Pienso en los pocos impresos que nos muestran una pulcritud en sus ediciones con transparencia y verdad; así como en la prensa devaluada e influenciada por la mentalidad pornográfica y sexista, de violencia y terror que se venden en las frías calles de invierno; pienso en los novelistas que se inspiran en los ambientes de primavera y verano donde se narran bellas historias construidas en el pasional y libertino amor; pienso en los científicos y técnicos especializados que trabajan con intensidad por un mundo en desarrollo.

Medito en los profesionales de la oración, laicos y consagrados que dan la vida por los demás; de aquellos que durante años están en las zonas de guerras y conflictos ayudando a los nuevos necesitados de este mundo; gente sin piernas ni brazos, mutilados, locos y delirantes, a causa de las luchas indefinidas que favorecen a los potentes imperialismos de este mundo. Pero aún más, como religioso clérigo, me preocupan aquellos hermanos que dejan el sacerdocio y la vida religiosa porque dicen haber encontrado otros caminos “mejores” de realización.

Pienso también, en la llamada “bestia negra”, el doctor Steel Willadsen que felizmente falló en su experimento de la primera clonación de un embrión humano avalado por la Advanced Cell Technology (ACT); por lo cual, se esperaba que surgiera al interno de la ONU una comisión para ver la prohibición mundial de este tipo de manipulación genética; quizás pienso demasiado y se desgastan mis frágiles pensamientos; pero ¿acaso nuestra vida será como el otoño donde no sólo caen las hojas de los frondosos árboles; sino, también las huellas de nuestra ética y moral, peor aún, las bases fundamentales de nuestra fe?.

Pienso en esto, y muchas cosas más; positivas y negativas; pero, todavía me pregunto ¿acaso algunos de ellos, no son detonantes qué preocupan a la humanidad?, ¿no serán estas bombas más potentes que las de Hiroshima y Nagasaki?; qué podemos decir de los abusos que se realizaron por la fuerza militar extranjera en Nicaragua, de la mortalidad de los niños en Sudán, todo lo acontecido en la guerra de Vietnam, las guerrillas alimentadas por mafias organizadas que favorecen el tráfico y venta de armas convencionales.

Y la matanza de los curdos, los problemas en Chechenia, la política de desarrollo del ajusticiado Sadán Husseim, el juicio de Milósevic, la posición de Arabia Saudita y los emiratos árabes en cuanto a las reservas petrolíferas, y tantos problemas más. Si ayer hubo un Pearl Harbor, y ahora destruyen unas tradicionales imágenes de Buda del siglo III y IV de nuestra era, si no cesan los disparos entre Palestina e Israel, si atacan biológicamente, crean psicosis y alarmas con el Amtrax, ¿al final qué será de nosotros?.

Creo que siempre ha existido un problema al ser atentada la vida, matar siempre será un crimen, y a nivel cristiano, un gran pecado porque va en contra de uno de los mandamientos del amor de Dios. En estos tiempos difíciles ¿será bueno aplicar la ley de Talión?, ¿se debe afirmar la vuelta y legalización de la pena de muerte?, ¿se debe responder con la venganza?, ciertamente que no, pero son temas candentes que cuestionan y son de reflexión continua como llevarse a la boca un pan de cada día.

Pero, ahora no sólo los talibanes entrenados por los mismos americanos son los terroristas, sino que hay muchos más, agrupados e identificados en una lista larga de señalar, a todos ellos se les ha declarado la guerra. El Medio Oriente sigue convulsionado, el África quiere superar los problemas raciales, en muchos lugares se sufre de hambre, pero, felizmente hay una búsqueda de organización y unidad; el Asia se está convirtiendo en un pulpo hegemónico comercial, a pesar que continúa dando noticias de la insensibilidad de sus gobernantes; Norteamérica clama venganza para no apagar sus aires de grandeza; Sudamérica busca la liberación de algunos sistemas de corrupción en el poder; la Europa “euronizada” lucha por mantenerse en la unidad; Oceanía sigue mostrando esperanza. A pesar de todo, hay un sentido común: la búsqueda de la paz.

Objetivo primario: forjar la unidad y la paz

Vana puede parecer la pregunta; pero ¿quiénes pueden ofrecer la paz?. Así como la interrogante la respuesta no puede ser inmediata ni fugaz como los aerolitos del cielo, sino que debe ser el fruto y producto de una intensa reflexión en el convencimiento que los ofertorios de paz deben ser aquellos hombres y mujeres que con su palabra, vida y ejemplo, esfuerzo y entrega, puedan dinamizar su confianza en los ideales de justicia y bienestar social.

Pueden haber esclavos y cautivos del terrorismo, pueden haber despiadados, forajidos y sanguinarios, quizás no quieren cambiar porque dicen tener motivos y razones suficientes para luchar; pero estamos seguros que si no forjamos una nueva humanidad, con una mística de unidad y amor, ¡no cesará la violencia jamás!; continuarán las injusticias como las de hoy, y serán las cargas explosivas del mañana. Sabemos que la violencia genera más violencia; por ello, tenemos que superarla a toda costa con diplomacia, con alternativas, con una toma de decisiones diarias y no apresuradas; sino, bien pensadas y estructuradas, para que el diálogo no se agote y la llama del fuego de la caridad no se apague.

El hombre de hoy, con todo lo ocurrido hasta hoy, ha comenzado a entender que debe prepararse para caminar con ojos nuevos, sin olvidar su tradición, su fuente, su historia, su hilo conductor de pensamiento; reconociendo que para ser hombres de paz, interior y exterior, integral y permanente, lleno de tenacidad y vitalidad, debe evitar el surgimiento de otros “monstruos” que invadan la humanidad.

El hombre de hoy, no sólo debe pensar en la inmediatez de la vida, debe también soñar en posibilidades concretas de cambio sustancial y estructural, creando y difundiendo una espiritualidad basada en la complementariedad y la comunión de bienes espirituales y materiales; quizás como Julio Verne para recorrer las 200 leguas en viaje submarino, para descender a las profundidades, conocer las fuentes y excavar su propio pozo; de tal manera, que al encontrarse con sus valores respectivos, puedan ser llevados a la superficie los baúles perdidos llenos de solidaridad y esperanza.

Y hablando de monstruos, aunque parezca mentira, a veces hemos vivido como en la era cuaternaria o en el mito de la caverna platónica donde ha faltado más luz para la humanidad, quizás porque los animales prehistóricos han afectado la sobrevivencia, o porque el hombre al ser un pequeño punto de referencia en el cosmos no ha sabido cómo defenderse de ellos. Bien lo decían los filósofos, muchas veces el hombre se ha convertido en el lobo del hombre.

Lo peor aún, es que los dinosaurios, antrosaurios, y coleópteros han continuado existiendo, no sólo como fósiles custodiados en los museos nacionales especializados o revividos automáticamente en los parques de diversión; sino que han encarnado sus formas para aplastar a los terrícolas (qué terrible ¿verdad?) y han logrado cambiar el panorama de la vida de muchas naciones, siendo ricas en potencial natural se han hecho pobres en la dimensión económica mundial, el néctar de sus flores han sido extraídas por las abejas obreras para alimentar a los zánganos y a la reina al momento de retornar al panal; dichas zonas de producción han sido explotadas, diezmadas, respaldadas y controladas hasta ser parte de una gran deuda internacional en la dinámica de acreedores y deudores.

Algunas naciones multiétnicas potentes hoy, enriquecidas ayer, han comenzado a ser las guías protectoras del mundo; sin duda alguna, han generado posibilidades de vida, han organizado la economía, han sido creativos, han resuelto infinidad de problemas, han apoyado guerras, han armado militarmente a diversas naciones para defenderse de otras. Poder-estado-religión en algunas ocasiones se han unido matrimonialmente por conveniencia, para obtener beneficios; pero así como va el mundo, también se han divorciado en un breve transcurrir del tiempo.

Todo ello, ha significado la exaltación de la vida, el aumento de la riqueza y el amor, creciendo, mejorando, cambiando, aperturándose al mundo; pero, también, han producido heridas, dolores y muertes; pobrezas y rencores con respuestas concretas, odiando, sufriendo, violentándose desenfrenadamente, forjando el terror. Ante todas estas situaciones, es necesario reformular nuestros sistemas de vida, para plantear nuevos retos y desafíos en favor de la humanidad.

Retos y desafíos en tiempos de cambios

Un gran reto para los “ofertorios de libertad”, de esperanza, reconciliación, consuelo y amor, será unirse para forjar la paz. No será fácil; porque antes de subir a la barca y ¡remar mar adentro! (cf. Juan Pablo II, Carta apostólica Novo millennio ineunte, 1), por lo menos tenemos que haber aprendido a nadar para casos de emergencia, si estamos convencidos de lo que deseamos para un mundo mejor, debemos entrenarnos para tener fuerzas y superar todas las pruebas; de lo contrario, en pleno alta mar perderemos la confianza a causa de la tempestad y correremos el riesgo de hundirnos antes de decir ¡Señor sálvanos!.

Como cristianos católicos inmersos en una sociedad multidisciplinar, tenemos que forjar la unidad cimentada en la palabra que nos hace libres; como profetas del Reino de Dios y con la fuerza del evangelio de Cristo debemos dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, porque no podemos amar a Dios y al dinero a la misma vez, tenemos que optar por lo que edifica y construye una nueva humanidad.

Tenemos que ser apóstoles de la caridad, de la fraternidad, de un momento de encuentro aunque sea difícil, para ofrecer libertad y promoción humana a los renegados e “indignados” de este mundo, para que no se queden marginados, pisoteados por king kong, ni vencidos sólo por Rambo, Schwazenegger o Jean Claude Van Dan; sino, que tengan la oportunidad de expresarse sin recurrir a las armas, a saber dialogar con altura; y así salir de sus catacumbas y bunkers fríos donde se encuentran los topos del desierto, dejando las penumbras donde reina el señor de las tinieblas.

De tal manera, que las estalactitas, estalagmitas, y estelectitas excéntricas de la gruta cavernícola sea iluminada no sólo con un punto de luz, sino con toda la potencia del sol, la luna y los astros del cielo; y así pasar del mito a la realidad experiencial, donde se puedan conjugar las ideas transparentes y cristalinas como el agua, en relación con la práxis de la vida intercultural.

Una vez más me pregunto: ¿será posible salir de los callejones sin salida, sin la ayuda de los guías especializados? ¿se puede alcanzar la meta estando al interior de un laberinto, cómo los que nos refiguran los de Notre Dame de Chartres, Amiens o Reims?, ¿podemos alcanzar nuestros ideales como cuando lo hemos experimentado al subir al cráter del volcán Misti de Arequipa, o cuando hemos visitado la Torre de Pisa, de Eiffel, o la Estatua de la libertad?. Creo que sí, y estoy convencido que la humanidad nueva no puede forjarse en los “falsos dioses”; sino, en la responsabilidad de cada hombre que cree en la paz y la justicia, con gestos de comunión, amor, donde la solidaridad sea el antídoto del terrorismo y de otras fuerzas maléficas que desean continuar con la consternación de la humanidad.

Para ello, debemos buscar una plan de respuesta humanitaria, donde el orden, el bienestar y la seguridad venzan el desorden, el caos y todos sus componentes. En este sentido, me parece actual en mensaje del libro del Génesis, porque donde hubo tinieblas se hizo la luz.

En estos tiempos de pruebas y desafíos debemos revalorar nuestra vida cristiana, donde nuestro ser, vivir y sentir sean expresión de unidad eclesial, no para mostrarle al mundo el triunfalismo y poder; sino, para ser signos visibles del Reino de Dios entre los hombres. En una entrevista a pocos meses de lo ocurrido, el Cardenal Egan decía: “lástima que la prensa internacional no haya mostrado los ejemplos de la fe y símbolos de esperanza más auténticos de la gente de New York”.

Sin embargo, hoy, no sólo los norteamericanos están llamados a entrar en un examen de conciencia, sino todo el mundo que clama libertad, solidaridad y paz. Como invitaba el profeta Miqueas, para obrar con justicia, amar con ternura y caminar humildemente con el Señor. Para realizar todo esto, la Conferencia de Superioras de Religiosas de los Estados Unidos (LCWR) solicitaron al Gobierno la guía de líderes sabios y justos que eviten el odio y la venganza para ¡caminar y trabajar por una paz que se afiance en la justicia y no en la revancha!; demostrando así, la sabiduría, moderación y misericordia, como rasgos que distinguen a los fuertes y justos, sin afectar la vida de los inocentes.

Ante estos acontecimientos, el Papa Juan Pablo II en su telegrama del 12 de setiembre del 2001, con profundo dolor y sentimiento mostró su cercanía al pueblo norteamericano y a todo el mundo afectado por estos actos terroristas. Con espíritu de oración complementado con el ayuno que se realizó el viernes 14 de diciembre del mismo año, la Iglesia Católica se hizo partícipe de la invitación papal, demostrando que el ayuno es un gesto de coraje, condivisión, y elección de sobriedad para vivir más simplemente y con coraje la belleza de la vida, con dosis de justicia y paz en vías a purificar la mente y el corazón.

Su Santidad expresó que sería temerario “ceder a la tentación de la violencia y el odio”; por ello, al dialogar con el nuevo embajador estadounidense ante la Santa Sede pronunció su deseo de “trabajar por la aurora de una nueva era de cooperación internacional inspirada en la solidaridad, justicia y paz”. Con esta apertura eclesial, cada cristiano está llamado no a ser jefes de cuartel, sino a “ser obreros de libertad”, sin caer en la tentación de la indiferencia e impotencia que no permiten que el mundo mejore.

Llamados a la esperanza

Después de la escena apocalíptica, entre las llamas, el agobio, el vértigo, la náusea y la conmoción; como mercedarios, promotores de la libertad y de la dignidad humana; como religiosos, decididos desde siempre a ser verdaderos “ofertorios de libertad”, hoy como ayer, tenemos grandes retos y desafíos, para descubrir en los signos de los tiempos los frentes de la cautividad.

Para eso, debemos estar convencidos de lo que somos y realizamos, fortalecidos en la Palabra del Señor, fomentando la fraternidad y compartiendo los caminos de nuestra misión. Retomando los mensajes de los Capítulos Generales de la Orden de la Merced realizados desde 1992 hasta el 2010, caminemos a la luz del Señor “para visitar y liberar con autenticidad y promover el surgimiento del hombre nuevo que basándose en la Pascua de Jesús culmine con el Reino” (cf. Mensaje del Capítulo General 1992, Los Mercedarios y la Nueva evangelización, 45).

Ahora, lanzo no una bomba ni un misil, porque de ello, ya está harto el mundo en que vivimos; más bien propongo las siguientes interrogantes: ¿cuál será el acto de contrición para este tiempo?, ¿cómo asumiremos la Pascua del Señor en camino de resurrección?, ¿cuál será nuestra misión en estos tiempos de recogimiento y gozo en el Dios de la Vida?. En lugar de sembrar vientos y recoger tempestades, una buena alternativa de solución será trabajar por la consolidación de la unidad y la paz; procurando que hayan otras fuentes de amor en el panorama mundial. Quizás, como el agua que brota de la gruta de Lourdes; donde podemos ir a embarrarnos la cara y comer raíces como Bernadette, y así sensibilizarnos por un mundo que clama libertad.

En clave positiva, estoy pensando que debemos dejarnos cautivar por el amor de Dios, de Cristo y su Evangelio, asimilando lo que escribía Antoine Saint-Exupéry en El Principito diciendo: “cautivar es crear lazos de amistad; si tú me cautivas, tendremos necesidad el uno del otro; si tú me cautivas, mi vida estará llena de sol”; y así, llenos del Espíritu Santo tratemos de promover la paz y responder a la llamada Universal por la Santidad.

“No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”

Y hablando de paz y santidad, estas fueron las palabras de esperanza que integraban el mensaje conmovedor del Papa Juan Pablo II al celebrarse la Jornada Mundial de la paz el 1 de enero del 2002. La paz como escribía San Agustín es la “tranquilidad del orden” (cf. De civitate Dei, 19,13), por ello debemos procurar que nuestras actitudes y acciones se vayan consolidando en la búsqueda del crecimiento de la verdadera paz que es obra de la justicia y del amor (cf. Libro del profeta Isaías: 32,17).

Pero, para lograr este reto tan deseado donde se solicita el perdón, como camino maestro para la apertura de la comprensión entre los unos y los otros, aún más en relación y cooperación interreligiosa debe primar el diálogo de la caridad, un diálogo que comprenda la vida, las obras, los aspectos teológicos, y la experiencia religiosa (cf. Documento “Diálogo y anuncio” del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, n. 42) donde se armonizen las riquezas espirituales del mundo sin caer en el sincretismo, sino reforzando la libertad religiosa en un clima de tolerancia, contemplación de la fe de unos y otros en la humanidad.

Entre algunos momentos desilusionantes y desastrozos que vive la humanidad, nuestra preocupación no sólo debe centrarse en ayudar a las víctimas (cierto, es prioridad uno, tan noble y necesaria en los momentos de tribulación y desesperanza); sino también, saber “inyectar nuevas dinámicas de vida” (Carlo Molari). Porque cuando un mal ha estallado en un determinado lugar, aunque sea lejos de nuestra casa, de nuestra familia, de nuestra posición o status de vida, no podemos seguir viviendo en la indiferencia, como a veces se expresan algunas personas diciendo: no me interesa, ni me importa, al menos todo eso hoy no me ha tocado a mi; al contrario, toda la humanidad tiene la responsabilidad de pensar en lo ocurrido y debe renovarse, no para crear mayores insidias y venganzas contra los culpables de los males presentes, sino para asumir con integridad lo que significa que somos protagonistas del futuro que vamos construyendo día a día.

Frente a todo este acontecer mundial, vamos experimentando el crecimiento de una nota solidaria que se ve reflejado en la corresponsabilidad de aquellos hombres y mujeres, quienes como verdaderos “agentes de comunión” (David L. Fleming) se hacen visibles en el mundo teniendo la fuerza y la certeza para acoger y ofrecer la salvación en beneficio de un orden social con luces de fidelidad, fraternidad, justicia y paz.

Para terminar esta mirada retrospectiva que se actualiza cada día que pasa, ahora observando el mundo desde la ventana que ilumina mi alegre cuarto, me dirijo a todos ustedes con la compañía del gran amigo que nunca falla diciendo: Oh, Dios de la Vida, sorpréndenos siempre en oración, muéstranos tu acción y tu misericordia, que tengas piedad y nos bendigas, que ilumine tu rostro entre nosotros.

Ahora es tiempo de vivir con transparencia, admirando la belleza que salvará el mundo, Cristo nuestro Señor, despojándonos del hombre viejo (Carta del apóstol San Pablo a los Colosenses: 3,10) para anunciar proféticamente la Buena Nueva de Cristo. Como el poeta César Vallejo, gritemos juntos: ¡Hay hermanos, mucho que hacer!; por todo ello, con energía, coraje y fortaleza consolidemos en los cinco continentes nuestras cinco opciones por el mundo: ¡Sí a la vida!, ¡Sí a la libertad!, ¡Sí a la justicia!, ¡Sí a la paz!, ¡Sí a la esperanza!.

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Libros consultados
PONTIFICIO CONSEJO PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO-CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Diálogo y anuncio. Reflexiones y orientaciones sobre el diálogo interreligioso y el anuncio del evangelio de Jesucristo (cf. en La Civilta Cattolica 1991, III, 64); JAMES PATTERSON, Mercato nero, Teadue, Milano 1999; JOHN COOLEY, Una guerra empia: la CIA e l’estremismo americano, Eleuthera, Milano 2001; ORIANA FALLACI, La rabbia e l’orgoglio, Rizzoli, Milano 2001; NOAM CHOMSKY, 11 settembre. Le ragioni di chi?, Marco Tropea Editore, Milano 2001; MASSIMO INTROVIGNE, Osama bin Laden. Apocalisse sull’Occidente, Elledici, Torino 2001; CARLO MOLARI, El retraso de la venida del Reino y la difícil búsqueda de la justicia, en CESARI FRASSINETI, La globalización, vista desde los últimos, Sal Terrae, Presencia Social 29, Santander 2001, 121-135; BRUNO FORTE, ¿Dónde va el cristianismo?, Ed. Palabra 35, Madrid 2001; JUAN PABLO II, Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la paz, 01-01-2002, en la Civiltà Cattolica 2002, I, 179-186; TIZIANO TERZANI, Lettere contro la guerra, Longanesi C., Milano 2002.

Artículos de ayuda-memoria para la reflexión
HERMINIO DE LA RED VEGA, osa., 11 de septiembre de 2001: Nueva York en llamas, en Religión y cultura 47 (2001) 463-482; ANGELO MACCHI, s,i., Terrorismo devastante a New York e Washington, en La Civiltà Cattolica 2001, IV, 188-197; GIOVANNI MARCHESSI, s.i., Dolore e preghiera del Papa per gli attentati terroristici negli Stati Uniti, en Civiltà Cattolica 2001, IV, 62-70; JOSÉ MORENO, Manhattan y el sueño de Nabucodonosor, en Vida religiosa 91 (2001) 363-366; KATHLEEN PRUITT, csjp., A los miembros del Congreso de los Estados Unidos (Documentos), en Vida Religiosa 91 (2001) 379-380; JAIME VÁZQUEZ ALLEGUE, En el nombre del Padre, en Caminos de liberación 22/105 (2001) 6; JOHANNES MÜLLER, s.i., Guerra di civiltà tra Cristianesimo e Islàm?. La libertà religiosa tra il diritto e la realtà, en La Civiltà Cattolica 2002, I, 119-132; CHIARA LUBICH, Verso l’unità paradossalmente, y ANTONIO MARIA BAGGIO, Per una strategia della fraternità, ambos artículos en Città nuova 45 (2001) 8-13; DAVID L. FLEMING, Prisms, en Review for religious 61/1 (2002) 4-5.

Titulares, editoriales y crónicas varias:
AA.VV., La follia del terrore; y/o Tre minuti di silenzio per un millennio di pace, en L’Osservatore Romano 96 (12.09.2001) 1; (15.09.2001) 1-2; Desolación, en Vida Nueva (22.09.2001), n. 2297; Un giorno buio nella Storia dell’umanità, en Civiltà Cattolica 2001, IV, 3-9.

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