¿CÓMO EVANGELIZAR CON MARÍA?

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¿CÓMO EVANGELIZAR CON MARÍA?

P. Fr. Juan Carlos Saavedra L. , O. de M.

  • Conociendo la historia , actualizando el ideal del fundador y fortalecidos con la cooperación de María (LG 63), la Madre del Señor, los mercedarios como hijos de Dios reconocemos que tenemos una madre del cielo que en lenguaje carismático se llama santa María de la Merced. Motivados por el Espíritu del Señor donde se halla la libertad (cf. 2 Co 3,17) reconocemos que la teología contemporánea inagotable en su reflexión comprende a la Nueva Eva en el “hecho” y el “significado” como la humilde parte de la historia verdaderamente humana. Ella, prototipo del pueblo de Israel e Hija de Sión, en quien Dios ha escogido el modo de revelarse asimismo, viene contemplada como microhistoria de la salvación en el dinamismo de una Iglesia que buscando el verdadero rostro del Señor (Jn 12,21) ha visto en María la luz significativa desde la Encarnación hasta la escatología[1]. Si actualizamos lo que escribía en 1964 el mariólogo de la Orden de los Siervos de María, fray Gabriele Roschini, sobre la advocación y título atribuido a la Virgen de la Merced podemos decir que sobretodo hoy tiene “más urgencia que nunca, porque en una época de sufrimiento y privación de la libertad [nos hace] pensar en la Iglesia del silencio, dentro y fuera de los países civilizados donde [surgen] situaciones de cárcel, prisión, y coacción física[2]; lo cual, permitirá la consolidación de un serio análisis teológico-pastoral en torno a la Maternidad, Virginidad y Santidad de la primera persona que le vio el rostro a la Esperanza[3]. Es oportuno recordar también al teólogo Xabier Pikaza, quien hablando de la advocación mariano-mercedario-redentora afirmaba que antes se había vivido la presencia de María en dos formas: una devocional y otra tradicional. Sin embargo, a la luz de los temas conciliares, la influencia de la Teología de la liberación y las conclusiones del documento de Puebla se había redescubierto el tesoro mariano-espiritual de la Orden, considerando dos aspectos dentro del panorama evangelizador: el carácter operativo y su impulso misionero; con los cuales se entendía mejor a la Madre de Dios y su participación entre los hombres[4].

Revalorando los postulados del renovado Concilio sobre el retorno a las fuentes, a nivel mariano es un deber para todo mercedario realizar una lectura de revisión y profundización empeñativa de lo que es y significa la Bienaventurada Virgen María en la Orden de la Merced. Para ello, parto del principio que la reflexión mercedaria es una teología de la misericordia, de la alegre esperanza y de la gozosa reconciliación con una dimensión liberadora en la fe; de tal manera, que al inculturar el evangelio en línea de mariología social trata de ser constitutiva a la teología cristiana. En el caso de las constituciones mercedarias promulgadas por el P. Maestro General Fr. Domenico Acquaro en 1986 encontramos un espacio propicio hacia la proyección y propuesta en vías de fundamentar una Mariología mercedaria en contexto; la misma que está ligada a la base histórico-teológica comprometida en la redención de cautivos y en las Nuevas Formas de cautividad actual (cf. COM 2, 4,7,23).

Si consideramos que la teología social está llamada a encontrar su realización en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cf. 1 Co 12,12-14) y que el hombre por naturaleza es un ser social (cf. Gn 2,18-23), el mercedario en su relación con los hermanos no sólo ve la llaga que se extiende en la carne de los pobres y cautivos, sino que en su gran deseo de participar de la fuente salvífica donde emana sangre y agua del costado de Cristo (Jn 19,34), mira a la Virgen María en su aguda percepción del misterio desde la Anunciación hasta pasar por la cruz redentora en línea de comunión eclesial.

Pero, sabemos que el amor para con la madre no debe ser sólo visceral, de puro sentimiento y emoción externa que puede quedarse en la superficie sin entrar en la mente y el corazón, sino que al ser entendida como shekinah (tienda) y rehem (útero, seno maternal) se convierta en el lugar del cuidado, de la defensa, del crecimiento y de la vida misma asimilada por la inteligencia y voluntad para captar mejor la profundidad de Dios.

  • Fomentando la espiritualidad

Si nos situamos en el profundo legamen que ha tenido la España mariana en su encuentro con los pueblos evangelizados de América debo decir que ha sido particularmente significativa; de tal modo que la Virgen de la Merced llevada por tantos misioneros a tierras de inculturación del evangelio, hasta hoy sigue resonando en el corazón de los hombres como la Madre del Redentor y de los pueblos cristianizados tanto en Europa como en el contexto latinoamericano.

Por su mediación y presencia continua en las causas de la salvación ella ha sido proclamada como la gran protagonista de la historia[5]. Vista como mujer y madre liberadora, auxilio de los cristianos cautivos, protectora de las ciudades, madre de los patriotas e indígenas oprimidos, “Patrona y Directora de la causa de la Independencia”[6]; la Virgen María de la Merced es la figura culminante de cada liberación en el seno de la Iglesia que peregrina por amor a la libertad y la esperanza cristiana[7].

Es innegable su papel relevante en la sociedad, sobretodo cuando ha sabido mostrar la conjugación del clamor de la redención, la vuelta a la tierra y la conquista de la libertad, que naturalmente son signos del amor de Dios. Todo ello, ha provocado un intenso culto y admiración por la Madre del Redentor, se han edificado conventos, iglesias, capillas, basílicas, donde se refleja la vía mariana de la Merced[8]; aún más, se han organizado procesiones, marchas, fiestas, encuentros y acciones de gracias a Dios[9]. Gobernantes de las naciones, pueblo emancipado y fieles en general han tributado honor y culto a la madre mercedaria.

En torno a este camino de popularidad materna han surgido bulas papales, escritos eclesiásticos, pronunciamientos legislativas, coronaciones de la Virgen y reconocimientos por doquier. En todo ello, se han inspirado escritores y artistas, literatos, poetas, músicos y cantores que han recreado el arte y la cultura en todas sus dimensiones[10]. De esta manera, se entiende que María por su merced y misericordia, por ser madre liberadora de cautivos al recorrer el camino de la fe, al ser el signo de la humanidad sufriente, ha sabido presentarse como ofrenda en gesto de amor con apertura al Reino, donde ha ganado un puesto de honor en la sociedad cristiana. En algunos lugares donde a veces se opina que hay un trasfondo de maximalismo mariano-cultural-patriótico se ha convertido en símbolo nacional, por eso ha sido nominada Patrona de las Armas, Generala, Mariscala; pero, sobretodo Madre de los presos, de la liberación, de los cautivos.

Inculturando el mensaje de acción y liberación

La Orden de la Merced inspirada en las acciones redentoras de Jesús de Nazaret, quien se ha coronado como el revelador del Padre y ha superado las profundas visiones y esperas del Antiguo Testamento interiorizadas en María de Nazaret, “patentiza, manifesta y hace presente la misericordia de María para con los cautivos, marginados y oprimidos”[11]. Como admiradores de la libertad y cantores de la supremacía del Dios rico en misericordia, a ejemplo de la madre de la Visitación y mujer del Magnificat, los mercedarios encarnando la Palabra del Señor con la propia vida proclamamos las maravillas que Dios ha hecho con nosotros. De esta manera, la Virgen María es en término de maternidad, misericordia y gracia la real ejemplificación del amor redentor de Dios. En línea soteriológica en su relación ético-social, ella como mujer de fe comprometida se hace eco de la libertad cuya raíz es la liberación.

Si partimos del principio que para ser libres nos liberó Cristo, la familia mercedaria llamada a la libertad (Ga 5,1.13) a ejemplo de Jesús quien evangeliza a los hombres (Mt 11,7ss.) en su unidad con María nos invita a ser levadura y fermento de caridad en favor de la humanidad que sufre y suplica la salvación (Mt 25,40). Esta complejidad del mensaje promocional dignificante de la Merced se ve reflejado en las notas mariano-constitucionales que encontramos a través de su historia y tradición; por el cual, me atrevo a decir que la Virgen María no sólo es insinuación simbólica textual, ni puro recuerdo del pasado, o una idea pura en la que basamos nuestra espiritualidad y devoción mariana; sino, que ella siendo arquetipo eclesial del cristiano viene propuesta como memoria viva convertida en “presencia”, “inspiración” y “fuerza de liberación” en el fiel compromiso de nuestro existir cotidiano[12].

En este sentido, considerar el modo de entender la presencia de María en la dinámica evangelizadora, nos motiva a estar atentos para saber inculturar el evangelio de Cristo, en el acontecer cotidiano de nuestros pueblos. Sabemos que la santa Virgen con su belleza y oblatividad total de su amor, en línea de fidelidad, nos permite interiorizar la dimensión de consagración, comunión y misión que ha inspirado la Orden de la Merced. Valorando de esta manera, el rol de aquella mujer libre y modelo femenino en la vida de los hombres, María de la Merced debe ser vista, admirada y ensalzada como el evangelio viviente que fortaleció la primitiva comunidad y ahora se presenta como el recuerdo vivo de Jesús entre nosotros.

En este ámbito de reflexión tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿La Virgen María de la Merced sigue siendo la imagen ideal para el mercedario y el hombre de hoy?. Respondiendo con el “Sí” de la Madre de Nazaret, podemos comprender la “ejemplaridad” y “valiosa presencia” de María en vista de alcanzar una metamorfosis transformante como hombres nuevos (Col 3,10) que nos ayudará a ser fieles constructores de la nueva civilización del amor.

  • Promoviendo la visita y redención

La Merced de María cuya opción y amor preferencial por los pobres y cautivos han determinado su misión redentora en la Iglesia (cf. Puebla 1145; RM, 37) no se presenta como una teología exclusivista por amor a los pobres y humildes, sino inclusiva en la doctrina y en los momentos presentes de la vida eclesial donde se muestran los caminos propicios para exponer una verdadera teología de la libertad articulando la salvación divina y la liberación humana. En este sentido, el proyecto de vida de nuestra Orden nos presenta a María como el modelo eclesial de los redentores mercedarios. Entendida como madre de los cautivos y redentores (cf. COM 7) en su condición de esclava y sierva que nada tiene en el fiel cumplimiento de los hechos divinos, la espiritual fundadora de la Orden siendo modelada en la santidad de su Hijo es signo del claro despojo y opción por las cosas otorgadas por Dios. Ella es madre de la hora mercedaria, que en tiempos límites se presenta como madre de los afligidos en lenguaje de Visitación. Saludada la llena de gracia y anunciada como la bienaventurada por excelencia, la Virgen Madre de Dios se presenta entre nosotros como integrante de una auténtica teología que predica la justicia, la paz, el amor y el respeto de la persona humana. La visita mercedaria como intuición a la reconciliación con Dios que siempre visita a su pueblo viene entendida como signo de encarnación (Dios se hizo hombre), inserción (nació del seno de santa María) y salvación (murió por nuestros pecados). Bajo esta triple perspectiva de la donación del amor de Dios para los hombres, se puede relacionar el rol y la participación de la Madre del Redentor quien siendo modelo de visitación, también es visitada por los hombres que creen en el Hijo de Dios. De tal modo, que el gesto y la actitud de la Madre del Señor para con su pariente Isabel nos invita a pensar en el saludo y la exaltación de la Maternidad divina de María, la cual viene entendida como el momento culmen de la gracia distribuida por Dios que ha provocado la alegría mesiánica, la reciprocidad y la solidaridad en el reconocimiento de la profecía cumplida e indicio de veneración para aceptar un mundo de cambios y parabienes. Así pues, la visita y liberación practicada por los redentores mercedarios nos indican el modo de cómo salir de la invisibilidad, de la oscuridad hacia la luz, alcanzando la empatía personal y comunitaria donde la interrelación del yo con el y el nosotros es valorado como el gran encuentro de los hombres con Dios.Sabemos que la primavera de María es transmitida en su canto profético de libertad, ella anuncia las maravillas de Dios porque el Señor ha hecho obras grandes por ella y por su pueblo (cf. Lc 1,49); por eso, como Madre nos introduce como hermana mayor en el lugar de la exigencia, en el terreno de los desplazados, en el mundo de los cautivos. Como belleza de todo lo creado se presenta como el icono escatológico que expresa la plena redención de la humanidad (LG 68). Su carácter de anuncio y denuncia nos impulsa a ser partícipes de la profunda inversión de valores, actitudes y situaciones que lleva consigo la aceptación leal del Evangelio de Jesús. Ella es la Virgen que canta la realización iniciada en su seno, la misma que prefigura la promoción de todos los hombres a la condición de hijos en un sentido de servicio al margen de los esquemas de este mundo. María del Magnificat como palabra social es el alma de Israel y de los pueblos elegidos por Dios, cuyo deseo es anunciar y expandir el mensaje de solidaridad y esperanza que puede reivindicar a la humanidad pobre, sufriente y humillada por los dioses de este mundo, pero sorprendida por la ternura concreta de Dios. Su canto no es una revolución social con armas ni fuego, cuyo tipo de violencia genera más violencia; sino la entrega de los valores evangélicos a los pobres[13]. Ella misma, nos hace ver las necesidades de los desplazados, es la mujer proyectada en la esperanza que luchando contra toda desesperanza nos invita a ser libres y emancipados para participar en el conocimiento de Dios. Su postura no es machista ni feminista; pero sí debemos reconocerla como una mujer que lucha y se interesa por su pueblo. María es la persona elegida para una causa sublime entre los hombres; es la esclava del Señor, libre para escuchar, decidir, levantarse, visitar y servir con la condición de ser fiel a la voluntad de Dios, su Salvador.Englobando este punto, quizás pueda sorprender, cuando se habla de María como una persona que “rompe esquemas establecidos” para concretar su acción en comunicación. Una mujer “extrañamente profética” cuya palabra precisa su acción libre y consciente, no acostumbrada para su tiempo (cf. Lc 1,26-27. Allí, donde la actividad femenina estaba reglamentada por el modus vivendi de una sociedad fuertemente machista, María se hizo presencia en los cauces de liberación. Así pues, a ejemplo de la Virgen que se puso en camino para visitar a Isabel, el mercedario sale al encuentro de los cautivos para ofrecer la redención ofrecida por Jesús. La inmersión de María en la sociedad puede aperturar los caminos de reflexión para entender la Visitación como lenguaje de resurrección.

  • Siendo verdaderos promotores de evangelización

En nuestra calidad de peregrinos por este mundo, los mercedarios siendo fuertes en la fe, eximios en la caridad y firmes en la esperanza asumimos el rol de María para vivir en libertad y convertirnos en signos de liberación entre los hombres. Ciertamente, en los caminos de la evangelización, el mercedario a ejemplo del fiat de María se convierte en portador de Cristo Redentor y su mensaje misionero. Observando detenidamente el rol específico de la Madre de Dios en la misión salvífica de su Hijo, ve reflejado en María su protagonismo en la casa del pan (Belén) para participar en la casa de la Palabra (Visitación) y conservar muchas cosas en su corazón. La Virgen María, prototipo de la persona que busca y encuentra el tesoro perdido (Jesús con los doctores en el Templo) es signo de la maternidad espiritual (Cruz) cuya presencia orante (Cenáculo) nos impulsa a la redención (cf. MC, 18).

Los hechos y palabras de María plasmadas en la oración liberadora por los cautivos de este mundo no sólo ven las contradicciones sociales, sino que aparecen como símbolo colectivo del pueblo de Dios con una sensibilidad a la esperanza y el cambio donde su personalidad corporativa eclesial nos invita a meditar en la actitud consciente y empeñada de aquella Madre cuyo deseo es invitarnos a seguir el camino de Jesús hasta el fin (cf. LG 63-64). Su mensaje de liberación la hace partícipe del fiel testimonio como madre de los pequeños, humildes y pobres, objetos del amor de Dios (cf. Libertatis conscientia, 21) que promueve la misión en favor de los amigos de Jesús (Jn 15,15). En este sentido, María de la Merced como madre de liberación que intercede por su pueblo angustiado, rodeado y cercado por fuerzas invasoras que denigran la persona humana es la madre intercesora con escapulario blanco, de los grilletes y cadenas rotas, que en el transcurrir de los siglos ha sido acogida como madre de misericordia y mediadora entre justos y pecadores, entre buenos y malos en las constantes luchas por la emancipación de los pueblos.

Renovando ahora nuestro feeling mariano, los mercedarios estamos invitados a ver la persona de María, integrando en Ella a la mujer fuerte y decidida de la historia que continúa dando ánimo y respiro a los seguidores de Cristo en las realidades contra el pecado las formas de cautividad; por eso, es invocada, venerada y honrada como la Madre de Dios, que sale al encuentro de los hermanos necesitados. Así pues, la bienaventurada entre las naciones a través de la obra mercedaria es considerada la “novedad” y el “adviento” de Dios; Ella es la “llena de gracia”, la fiel “imitadora y discípula”, que en el camino de redención se presenta como la “inseparable compañera[14] de aquellos hombres y mujeres, religiosos y laicos, quienes comprometidos en los caminos de liberación han sabido clarificar la representación escenográfica del camino de la cruz hacia la gloria, en base a una verdadera libertad alcanzada en Cristo Jesús.

En los tiempos actuales donde La Merced continúa difundiendo su carisma redentor en los diversos continentes, me hace pensar que así como Dios llama al hombre a la libertad (Ga 5,1) porque su vocación de ser libre está viva en todo momento (cf. Libertatis conscientia, 37) al ser partícipe de un mundo complejo lleno de cambios y nuevas emociones donde hemos experimentado las etapas de la oralidad, escribalidad y afianzada continuamente en la electronalidad y virtualidad, tenemos que reconocer que María es “líder de opinión”, “presencia” y “fortaleza” en la debilidad que abate el cáncer y el sida del egoísmo, la indiferencia y los abusos de la fuerza que degradan a la persona humana. Ella como madre que sufrió el exilio en el destierro de la historia (cf. Mt 2,13-15), una vez retornada al centro de la salvación reafirma en nosotros la gozosa esperanza de libertad ofrecida por Jesús en los momentos de su muerte y resurrección.

Bajo esta perspectiva, la teología y mariología mercedaria caminando con esperanza (cf. Novo millennio ineunte, 58) mira al hombre del Tercer milenio con un profundo contenido cristocéntrico para formar una verdadera espiritualidad de comunión que no se agote en la profundización del misterio, sino que abra nuevos caminos de liberación y así comprometernos en la promoción y dignidad de la persona humana (cf. Evangelii gaudium 283-288). Una riqueza misionera que se tiene que convertir en signo renovado del – acontecimiento Jesús – en el terreno mercedario, llámese “restauración”, “resurrección”, “refundación”, “reinserción”, “recuperación”, “renovación”, “capacidad creativa”, “fidelidad”, “nueva evangelización” del carisma fundacional, entre prisa y paciencia, entre luces y sombras, infortunios y esperanzas que tiene como fin y meta la recapitulación del misterio de Dios entre los hombres.

La Merced de Santa María como continuadora de la obra redentora debe ser la efervescencia del quehacer cristiano para ofrecer la gracia misericordiosa de Dios en un espacio temporal donde las vías de salvación son necesarias en las horas límites y  emergentes. Junto a María, la Madre de Dios y Madre nuestra quien desde el cielo continúa cumpliendo su oficio o munus materno cooperando en la obra de redención de su Hijo en la consideración que “las palabras mueven y los ejemplos arrastran” (Signum magnum, 10), estoy convencido que la Virgen de la Merced, como madre misericordiosa, y profetisa del Reino es la expresión de cómo Ella entra en el realismo de nuestra propia historia con una conciencia solidaria y comprometida en la liberación de los hijos de Dios[15].

Su canto en este mundo que busca rescatar a la persona humana para Dios es un imperativo de radicalidad que se desprende del amor divino por la justicia de los pueblos. Por ello, nuestra tarea como mercedarios será adaptarlo, actualizarlo y renovarlo con firmeza y aplomo evangélico unido a la consolidación de los principios y valores cristianos en conexión con las  bienaventuranzas ofrecidas por el Salvador. Invitados pues, a ser imitadores y servidores de Cristo en la recta administración de los misterios de Dios (1Co 4,1.16) e inmersos en las actitudes pedagógicas de María como portavoz de la prolongación amorosa de las realidades divinas, nuestra fe mercedaria debe impulsar el compromiso efectivo en la renovación de un mundo más justo, fraterno y solidario.

Unido al mensaje evangélico, a la cultura desde el medioevo hasta hoy, a la tradición eclesial mercedaria y a las Nuevas formas de cautividad actual (COM 16), con el fiel deseo de estar disponible para visitar y liberar siempre al servicio del evangelio de la libertad expreso en voz alta las frases del papa Pablo VI en el santuario de Bonaria: ¡no podemos ser cristianos, sino somos marianos![16]; reconociendo así la relación esencial, vital, providencial, que une a la Virgen María con Jesús; la cual indudablemente nos abre el camino que conduce a él.

Atraído por el estilo de vida fraterna en comunidad, me uno en oración con los fundadores y figuras mercedarias que han sabido encontrarse con Cristo Redentor y María de la Merced en el camino de la historia, como por ejemplo: Santa María de Cervellón, inspiradora de la monjas mercedarias; María Ana de Jesús, copatrona de Madrid, Lutgarda Mas y Mateu, y las Mercedarias Misioneras de Barcelona; María del Refugio Águilar, y las Mercedarias del Santísimo Sacramento; María Teresa de Jesús Back, de las Suore della Mercede; Margarita Maturrana, y las Mercedarias de Bérriz; P. Juan Nepomuceno Zegrí, y las Mercedarias de la Caridad; P. José León Torres, y las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús; así como nuestros mártires de España, y la vida santificante que llevaron el Padre grande de Quito, Jesús Bolaños; y el P. Pedro Urraca de la Santísima Trinidad en el Perú; y otros frailes, monjas, religiosas y laicos que muriendo en olor de santidad han sabido exclamar que: María de la Merced, siendo Madre de la libertad, es la mujer fuerte, de todos y para todos; la misma que nos sigue ayudando a descubrir el plan de Dios con su propia vida de seguimiento al lado de su Hijo. Su actitud solidaria nos anima a ser redentores en la liberación del Pueblo de Dios

[1] Cf. René Laurentin, Maria chiave del Mistero cristiano, Cinisello Balsano 1996, 6

[2] Cf. Gabriel M. Roschini, Merced, en Diccionario Mariano, Ed. Litúrgica Española, Barcelona 1964, 443-445.

[3] Carlos Cardenal Oviedo Cavada, Documentos pastorales, I, Santiago 1998, 56.

[4] Cf. Xabier Pikaza, María de la Merced, Redentora, en Marianum 45 (1983) 583-584.

[5] Cf. Xabier Pikaza, Maria, la prima persona della storia, en Aa.Vv., Come si manifesta in Maria la dignità della donna, Centro di Cultura Mariana “Mater Ecclesiae”, Roma 1990, 10-47.

[6] Así viene anotado el título particular de la Virgen, en el Libro de Crónicas del Archivo Mercedario de Arequipa (=AMA), nº 5, folio 67v. (el texto hace alusión al Decreto del 17 de julio de 1832; y dice: véase además Ley del 1º de octubre de 1839, del 13 de mayo y 1º de julio de 1848).

[7] Algunos apuntes para profundizar sobre María de la Merced: Gumersindo Placer,“La Virgen de la Merced, Patrona de Jeréz de la Frontera”, en BOM 26 (1954) 25-32; Alfonso Morales, La Santísima Virgen de la Merced en Chile, en AM 5 (1986) 175-195; José Brunet, La Virgen de la Merced y sus diversos patronazgos en la república Argentina, en AM 6 (1987) 201-284; Hilda Zerdá, La verdad sobre la imagen de la Merced, a la cual Belgrano entregó su bastón de mando el 27 de octubre de 1812, en Estudios 46 (1990) 21-36; Cayetano Bruno, Nuestra Señora de las Mercedes en la vida del General Belgrano, en AM  11 (1992) 339-394.

[8] Por citar un ejemplo tenemos el libro del P. Manuel Rodríguez Carrajo, Santuarios marianos mercedarios en España, Lancia, Madrid 1989. Además, una breve referencia al respecto se puede ver en mis artículos titulados: Una vía mariana en la Basílica de la Merced de Lima, en BOM (Perú) 19 (2000) 187-193; y La “Dolorosa de la Merced” y su Cofradía. Apuntes históricos sobre su devoción y culto en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced de Lima, en BOM (Perú) 2000 223-231.

[9] Respecto a la propagación de la devoción mariano-mercedaria  se puede leer a: Joel L. Monroy, La Santísima Virgen de la Merced de Quito y su Santuario, Labor, Quito 1933, Idem, Miscelánea mercedaria, T. I, Labor, Quito 1939; Mario Tallei, La devoción a la Sma. Virgen de la Merced en el dpto. de Maipú, Argentina 1953; Idem, María de la Merced en Mendoza, en Estudios 138 (1982) 379-392; Severo Aparicio, La Virgen de la Merced Patrona de las Armas del Perú, en BOM 47 (1975) 331-334; Idem, Devoción a la Virgen de las Mercedes en el Perú. “Breve historia de su culto”, Cuzco 1980; José Vicente Agreda, Nuestra Señora de las Mercedes de Pasto, en Regina Mundi 17 (Bogotá 1983) 117-125, 249-260; Alfonso Morales, Historia General de la Orden de la Merced en Chile (1535-1831), Santiago 1983, 289-295; Antonio Rubino, I mercedari in Sardegna (1335-2000), en AM 19 (2000) 231-234.

[10] A nivel de reflexión artística, literaria, antología, y poética publicada en los últimos años puedo mencionar a: Guillermo Hurtado, Antología Hispanoamericana a la Virgen María de la Merced, Los Andes, Quito 1978; Luis O. Proaño, La Virgen Quiteña de la Merced y sus  históricos trofeos, Quito 1978; Luis Vázquez, María en cuatro poetas mercedarios del s. XVII, en Estudios Marianos 49 (1984) 105-145; Juan Marcial Tejada, La Virgen de la Merced en la poesía, Amazonia Print, Lima 1996.

[11] Jerónimo López, Santa María de la Merced. Breves reflexiones histórico-teológicas sobre su significado, en Estudios 44 (1988) 141.

[12] Sobre el perfil mariano de nuestras Constituciones me remito a mi tesis de Licenciatura titulada:  La presencia de María en las Constituciones mercedarias (1986), Pontificia Facultad Teológica “Marianum”, Roma 2001-2002, 92 pp.

[13] Alfonso Morales, María, Madre de Dios para los hombres, Santiago de Chile 1999, 69.

[14] cf. Mercedes Navarro, Epiritualidad mariana del Nuevo Testamento. María en los escritos de J .N. Zegrí, Madrid 1994; Xabier Pikaza, Santa María de la Merced, o.c., 29-71.

[15] Algunos argumentos marianos podemos encontrar en: José Delgado Varela, De vita mariologica-mariana apud Ordinem, B.M.V. de Mercede, en Ephemerides Mariologicae 7 (1957) 491-496; Antonio Rubino, Lineamienti di Spiritualitá mercedaria, Roma 1975, 171- 246; Sergio Vázquez, Marianismo en la Orden de la Merced, en Ephemerides Mariologicae 31 (1981) 101-118; Silvino Orellana, La Colecta de la Inmaculada Concepción en la espiritualidad de la Orden de la Merced (Tesis de Licencia), Pontificio Ateneo San Anselmo, Roma 1992.

[16] El Papa Pablo VI señalaba que: una mentalidad profana y un espíritu crítico no habían favorecido la devoción mariana. Por ello, era necesario mirar a María como la figura más perfecta de la semejanza a Cristo (cf. Pablo VI, Homilía en el santuario de Bonaria-Cagliari, 24-4-1970, en AAS 62 (1970) 295-30; Idem, Enseñanzas al pueblo de Dios, vol. 2, Ciudad del Vaticano, 1970, 298).

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